Historia de un segundo : Cinco.


~ Solía quererla como jamás había querido a nadie. Su sonrisa no tenia sombras y su dulzura no tenia limites.

He de perder el tiempo si intento contar las veces que quise besarla fingiendo algún roce casual. Mis horas eran segundos sí la tenia cerca y con ella aprendí que no hay peor manera de extrañar a alguien que tenerlo cerca y saber, entender y tener que aceptar que nunca será tuyo. Gracias a ella lo sé.

A veces la quise menos, cuando intente olvidarla. Se paseaba con su amor de turno y jugaba a enamorarse, una vez más. Pero yo siempre volvía a quererla y con más fuerza que antes. Siempre con más fuerza.

Un día me la encontré en una esquina sola, por esta ciudad y a altas horas de la noche.

No me pregunten de donde venia yo, quiero mantener la buena imagen que se tiene de mi. Pero puedo decirles de donde venia ella. Venia de llorar un mar de lágrimas, venia de dejar su corazón en algún lugar perdido, venia de lastimarse a sí misma, una vez más. Creo que esa noche estaba particularmente hermosa. Las lágrimas le limpiaron el maquillaje y la luz de los faroles se posaban en sus hombros desnudos, su pelo caía suavemente sobre su cara y su mirada... esa mirada. Entendí porque me había enamorado de ella. Y por fin la vi tal cual era. La cuide todo lo que pude, conteniendo sus lágrimas y sonriéndole cada vez que levantaba la mirada. La acompañe a su casa y me quede con ella hasta que se durmió.

Al otro día me busco. Jamás respondí a sus mensajes, ni a sus llamadas. Ella siguió insistiendo un tiempo, hasta que por fin se canso. La amaba igual que siempre y tal vez más que nunca. Pero no quería ser yo el próximo con el que jugase a enamorarse... sabia que si eso pasaba iba a terminar siendo yo el que llorara desconsoladamente en la oscuridad, y sabia también que nadie me sonreiría ni me sostendría el cabello. La seguía amando como siempre, y preferí recordarla así, tristemente hermosa.