"Mirá lo que me haces hacer"

¿Por qué nunca puedo hacer que me escuches? Te escribo pero tampoco funciona. Estoy golpeando tu puerta desde que anocheció, ¿cambiaste tu número de teléfono de nuevo? ¿Con qué necesidad, mujer?
Ayer pasé tres veces por acá y no pude verte desde la ventana de en frente. Antes eso no pasaba. Solías lavar los platos descalza, escuchando esa música que te dije que no me gustaba. Pero voy a reconocer que siempre te moviste bien. 
No me gusta tener que esperarte, tengo cosas que hacer. Odio que no respetes mi tiempo. Vine porque te amo y quería verte, deberíar estar tan agradecida por eso. 
Está haciendo frío acá afuera. Ojalá no hubiera perdido tus llaves, podría estar dentro haciendote algo de cenar, encendiendo el fuego para que al llegar, la casa este cálida y acogedora ¿dónde estás que tardas tanto?
Crucé a preguntarle a tu vecino si te vió salir, sé que te llevas bien con ese idiota engreído. Mirá las cosas que me haces hacer, tener que hablarle a ese nene bien conteniendo las ganas de partirle la cara. Oh, cuando llegues vas a escucharme. Además, ¿quién se cree que es? ¿pedirme que me vaya? ¿amenazar con llamar a la policía? ¡que lo haga! ¡que se anime! Maldito psicópata. Siempre quiso verme lejos de vos. Te lo dije una y mil veces, él se hizo una idea de mi que vaya a saber uno de donde la sacó. No podría hacerte daño jamás porque sos mi todo en mi vida, ¿lo sabes, no? Si me dejas me mato, si me dejas te mato. Si nos dejas me muero, te morís. No podemos vivir el uno sin el otro siempre te lo dije. Vos me amas también te he escuchado decirlo cientos de veces. No me mentias. Me amas.
Otro día más en esta pocilga asquerosa no va hacer que te ame menos. Ni que este dispuesto a matar y morir por vos, nada en este mundo podría separarme de la mujer que le da sentido a mi vida. Es inútil que sigas cambiando el número de telefono, que pidas asilo a un amigo, que me evites, que te mudes, que me ignores, que me esquives. Ninguna placa policial agitandose en mi cara va a lograr que quiera vivir lejos de vos. Es inútil. No luches contra mí por que cualquier cosa que te haga va a ser tu culpa. Yo no quiero hacerte esto pero vos insistís, ¿cómo te atreves a pedirme que viva en el mismo mundo que vos pero sin verte nunca más? ¿no te cansas de lastimarme? Soy un idiota por quererte tanto.

Repaso de hojas

Se reía y sostenía su sonrisa todo lo que podia.

Afuera el viento se llevaba todas las hojas del otoño y las amontonaba formando castillos color ocre y marrón. La ropa tendida en la soga bailaba energicámente y el llamador de ángeles (¿realmente hacía falta un nombre tan pretencioso?) hacía mil y un sonidos diferentes. Toc, golpeaban. Toc. Más fuerte.

Seguía sonriendo. Ahora costaba un poco más.

Las primeras gotas se hicieron escuchar en las chapas de la casa. Primero un par, luego cientos de pares. Lentamente al comienzo, rápidas después. El olor a tierra inundó la cocina y se mezclaba con el café recién hecho. Las tazas que nos trajo mamá de aquel viaje a Marruecos y que tenian etiquetas 'made in china' se ofendieron cuando decidimos tomar nuestra bebida en las viejos vasos de siempre, 'made in china' también.

Sonreía pero aparecían, cada tanto, muecas peculiares.

Leímos juntos una nota sobre jardinería de interiores y te cortaste con la punta de tu lapiz. Sangraste. Lamiste tu dedo y sangraste igual. Busqué una curita y solo teníamos algunas de hello kitty, me obligaste a que te trajera de esas. Pusiste una en el dedo herido y sugeriste que use una yo también.

No había nada en su rostro que se asimilara a una sonrisa.

Los castillos de hojas se habían vuelto a desparramar. El llamador de ángeles creo que te lo llevaste y algo golpeaba dentro de mi cabeza. Toc, toc, toc. El café estaba frío e innecesariamente fuerte, esa pava eléctrica nunca quiso colaborar conmigo. Regalé las tazas chinas marroquianas. Las plantas se fueron muriendo. Creo que las regué demasiado o muy poco, debería haberles hablado más. No pude, no sabía que decirles. Intenté contarles sobre vos y sospecho que eso las hizo morir. Tengo una curita en el dedo, no me corté ni estoy sangrando. Pero duele no verte más y sentí que tenía que intentar remendarlo.