Quitandole las ganas a todo lo que sueño,
Se me pierde el tiempo mirándote reir.
Me gustaste siempre tan distinta al resto
Pero termine siendo esclavo de lo que tenias que decir.
Soy una triste razón para evitarte ser feliz
Y nunca te quise menos, pero tuve que fingir.
Soy una triste razón para correrte el pelo,
Y tus hombros desnudos no podran jamas ser espejos.
Me han dicho tantas veces que esto no vivia en mi
Que cegado por la furia quise probar suerte al fin,
Y ahora te me ries en la cara mientras me ves fallar.
Nunca me quisiste para mas que una triste noche,
Nunca te quise para esta larga vida de reproches.
Siempre podrás volver aquí, inevitablemente 
Siempre te querre así.
Levanto la vista y te veo aquí, siempre has estado ahí.
Sos perfecta en tu imperfección y una rotonda
Para volver hacia el bien.
Soy tu triste razón, para evitar ser feliz
Y con esa excusa te sientes mejor.
Nunca quisiste quererme asi,
Y ahora intento quitarme este traje de papel
por el cual me jugue la vida dejandome a tus pies.




Osneip Te


Sonreí, porque a estas alturas eran pocas las opciones que tenia. Y me deje caer entre las palabras que salían de su boca, esa misma boca que me enveneno y la observaba hipnotizado con la tristeza de quien entiende que jamas podrá desprenderse. Mientras ella hablaba sin parar como si tuviera miedo de que no le alcanzara la vida para decirlo todo y yo me preocupaba por ella por si se le olvidaba respirar entre párrafos y párrafos de cosas por decir. Estaba contenta de verme y yo me desmoronaba en recuerdos.
Sentada frente a mi se creía tan intocable y poderosa pero no, era humana y su humanidad era inmensamente vulnerable. Yo la he visto llorar abrazada a su almohada rogando que se haga de día con la esperanza de que el sol la quitara de sus penumbras. La vi derrotada, esperando un milagro, rogando una tregua. Y estuve ahí, sosteniendo su cabello mientras con la mirada perdida viajaba a algún doloroso recuerdo y me quedaba despierto cuidándola de ella misma. Noches enteras compartiendo sus tormentos, sin tiempo de detenernos en mi. Aunque jamas dijo, que era lo que le carcomía el alma y la dejaba sin lágrimas para mi.
Es que la ame. La ame inmensamente, olvidándome de todo lo que no tuviera que ver con ella y me encerré en su mundo descuidando todo lo que había en el mio. Me perdí.

  • Estas en esta clase?
  • Supongo que si, eso me dijo la amable recepcionista– Le respondí irónico.
  • Claro, entiendo. Para tu consuelo, Berna solo le contesta a los alumnos que le caen bien. Digamos, que sos un afortunado –.
  • No tengo dudas de eso. Estoy hablando con vos -

Sus ojos se abrieron como dos platos y le note el brillo de la incertidumbre que se desbordaba por sus mejillas - No es sano intentar algo conmigo - Dijo, luego se corrió el mechón que le cruzaba en la frente y siguió con la vista en sus apuntes.

Paso bastante tiempo desde la ultima vez que la vi y no fue la clase de adiós, que se darían dos personas enamoradas que saben que no volverán a verse. Ella levanto una ceja, reclamándome algo que nunca me intereso saber.

Me la cruzaba seguido, aunque confieso que a veces la buscaba con la mirada, entre la multitud que deambulaba por los pasillos y me alegraba si veía su cabello largo y esa cartera gigante llena de cosas que jamas necesitaba. Disfrutaba tenerla cerca y después de haberla conocido no volví a querer a nadie con la misma fuerza que a ella.
Pasaban los meses y nuestra relación se afianzaba mas, nos confesábamos todo, faltábamos a clase y paseábamos sin rumbo, nos quedábamos horas hablando por teléfono y dejaba la ventana abierta, para que ella entrara cuando gustase para compartir su insomnio conmigo. Nos divertíamos inventándonos una vida paralela a la que vivíamos de día y luego, reinventarla de noche. Como una segunda versión de nosotros.

Y así, fue. Un día de invierno ella ya no respondió a mis llamados, tampoco asistió a clases y fueron inútiles los intentos de encontrarla por las calles cercanas a los lugares que solíamos frecuentar. Hubiera querido ir a su casa esperarla, para ver si estaba bien. Preguntarle que le había ocurrido, si necesitaba ayuda en algo. Pero nunca me dijo donde vivía. Solía ser reservada con detalles tan específicos,como el trabajo de sus padres, o la fecha de su cumpleaños y sin embargo me confesaba sus miedos mas profundos y siempre me dejo ver lo bueno y malo de su personalidad sin ningún temor de que yo la juzgara o corriera espantado por tanta bipolaridad. Luego descubrí, que ella había nacido en invierno. Fría.
Al principio, estaba furioso no entendía que la había llevado a abandonarme así, a dejar lo nuestro inconcluso. Después, entendía que nunca me había firmado ni prometido nada. Lo nuestro funcionaba día a día y de los planes de los que hablábamos nunca se refería a un “nosotros” aunque en los mios el nombre de ella, se leía entre lineas.
Intente recordar, entre todo lo que nos habíamos dicho algo que me diera una leve noción de lo que había ocurrido, pero en realidad todo lo que a ella le pasaba era, llanto. Tenia angustia, si. Lo mostraba con frecuencia y se ahogaba de tanto llorar. Pero nunca me contó los porque, ni los cuando, mucho menos los como. Y jamas pregunte, tal vez creyendo que con el correr del tiempo se irían soltando las cosas e incluso me daba ansias ser capaz de descifrar su historia sin que ella me dejara todo servido. Era un reto interpretarla y yo amaba traducirla.

En lugar de olvidarla, cada día la tenia mas presente. En cada cosa que hacia o veía o sentía, quería que ella estuviera ahí y cada chica de cabellos largos y castaños me la traía. Y descubrí, a mi pesar que nunca había querido a nadie así. No me encontraba en ningún lugar, me quedaba sentado en algún banco de plaza, llorándola como un nene chiquito. Y nunca sentí vergüenza por nada de lo que ella hizo en mi, ni nada de lo que hice por ella. Ni siquiera de haberla estado esperándola, sin que nadie me lo pidiera.

  • Ey, lindo tanto tiempo! – Dijo una voz, al otro lado del teléfono.
  • Tanto... – Respondí suspirando.
  • Me gustaría que nos viéramos. Podes ahora? -
  • Si – Dije, aunque no podía. O no debería haber podido.

Cuando entre al café, la reconocí enseguida por ese tic que tiene de golpear la mesa con los dedos como muestra de impaciencia. Primero vi su mano y después supe que era ella. Me acerque y a medida que lo hacia todas las cosas que pensaba decirle se quedaban en el suelo detrás de mi, dejándome sin nada. Me senté justo en frente de ella y la observe buscando respuestas pero solo obtuve un montón de anécdotas de viajes, de novios que no funcionaron, de lamentos por haberse ido sin despedirse.

  • Nunca entendí el porque – Solté de repente, cuando hubo un silencio.
  • Me amabas? Hubiera jurado que si lo hacías – Me contesto sin titubear.
  • Siempre creí que jugaste conmigo y de seguro volviste para seguirlo haciendo -
  • No te pongas en ese plan mi dulce, yo también te ame. Pero el amor en el tiempo perdura y si a vos se te termino porque me fui, entonces nunca fue amor -.

Sentí que me mataba, de nuevo. Y me canse. Me levante aturdido pero decidido, deje plata suficiente para pagar los cafés y la propina para la moza que me regalo una miradita cómplice cuando me vio llorar y me dirigí a la puerta, seguro de que nunca mas iba a recuperarme. Ella corrió detrás de mi y me alcanzo a mitad de cuadra, tomándome de un brazo me obligo a mirarla a los ojos. Acto seguido, me beso. Fue un beso distinto a los tantos otros que me daba luego de haber estado llorando toda la noche, eran besos de agradecimiento. Este fue uno de verdad y lo senti cuando las lágrimas mojaron mis mejillas, cayendo sobre mi como una lluvia de primavera. Esa fue la única vez que sabia porque lloraba. Tome valor y me aparte, para no dilatar mas la despedida. Y la mire con una mueca de cansancio que la incomodo un poco.
Me coloco una mano en el rostro y sostuvo mi mirada con la suya. Vi ese brillo en sus ojos, el mismo con el que sonaba todas las noches. Ese mismo brillo que luego, buscaría en todas partes, en muchas personas sin encontrarlo jamas.

  • Perdóname. No por las cosas que hice, sino por todo aquello que no – Dijo en un sollozo y bajando la mirada, se dio la vuelta y comenzó a caminar.

Observe su cabello, una vez mas. Llevaba un vestido de invierno hecho de lana, y color rojo, unos borcegos negros y un sobre todo del mismo color. Y su castaño quedaba precioso encima de su espalda. Me encantaba la manera que tenia de vestir, de reír, de ser, de sentir, de matarme, de resucitare, de enredarme, de arrinconarme. De olvidar.

Ya no dolía tanto perderla, porque no se puede añorar lo que nunca se ha tenido. Y ella nunca va a ser de nadie, ni siquiera se obedece a si misma. Por mi parte, debo decir que a veces la pienso, que la busco en los atardeceres y hago fuerza con el corazón para cruzarla algún día, para verla de lejos, tan perfecta como siempre. Riéndose con esas pequeñas joyas blancas que eran sus dientes y escuchar su voz, diciéndome lo perfecto que era para ella ver llover.


Recibí una sobre anos después que no tenia nada escrito, mas que mi nombre en una linda letra cursiva que me sonó conocida apenas la vi. Lo escondí de mis amigos, de mi novia y de todos porque esa historia era demasiado mía para compartirla y dolía confesar que esa fue la primera vez en todo, en amar, en dolor y en tener que olvidar. Dentro, en el papel solo decía:

“Una vez, mientras dormías... Yo también te cuide. Y te susurre que si yo te daba mas sufrimiento que alegrías, entonces tenia que aceptar que tu camino no iba con el mio. Me aleje para estar cerca.”

No me sorprendió no entenderla. Y no me refiero a la carta, sino a la autora de ese papel violáceo que se enredo en mi mente unos segundos, hasta que decidí que hace rato me había rendido. Y en un lugar que ya olvide, guarde la carta junto a un papel color amarillo que decía:

“Para nosotros, cerca es lejos”.