No he visto más dolor,
no he sentido más tristeza.
No he cantado más baladas,
no he querido más a nadie.

Me consumirán tus ojos que siempre me han dicho
tantísimas cosas.






Gracias a Juan que encuentra cosas que yo olvidé que existían.

Cosas que aprendí (a la fuerza).

1. Soy desconfiada.
2. Soy confianzuda.
3. Quiero rápido a la gente.
4. Quiero dejar de querer a la gente.
5. Me molestan las minas que actúan como se espera que lo haga una mina.
6. No logro encajar.
7. No entiendo los silencios.
8. Soy impaciente.
9. Me gusta abrazar.
10. Me gusta hacer reír.
11. Me gusta escribir cosas cursis que me dan verguenza.
12. Me gusta hablar de lo lindo de querer a alguien.
13. Le hablo a todos los perros con los que me cruzo.
14. Siento la imperiosa necesidad de señalar gatitos.
15. Me gustan los niños. Sienten tanto asombro por todo.
16. El sexo mueve el mundo de casi todos.
17. Se me contagian las risas.
18. Si apreto la cara en la almohada, mi llanto se silencia.
19. No sé hablar sobre las cosas que me pasan.
20. Me gusta desaparecer del mundo cada tanto.
21. Si algo está mal, estarás casi solo.
22. Mucha gente "está escribiendo..." pero nunca te llega nada.
23. Aprender a besar sin amor, es todo un arte y suele salir mal.
24. Nada viene servido. Las cosas buenas se construyen.

tómbola

Ah, la vida...
¿Vamos a sonreír más?
Como odio esas cosas hippies sobre "buena energia".
Nada de buena energía. Solo una sonrisa más seguido.
Todo está bien.
No pasa nada malo.
Lo malo está acá, en mi cabeza, haciendo ruido.
A veces hago cosas sin querer que pueden joder a los demás.
A veces hacen cosas sin querer que pueden joderme a mí.
Cosas que pasan.
Nadie murió por no entenderse.
Siempre creí que hablar las cosas era buena idea.
Hasta que intenté hablarlas.
Sólo puedo ser sincera cuando del otro lado no hay un
rostro descalificando lo que digo.
Es díficil ser sincero y justo a la vez.
Hace largo tiempo deje de ser una adolescente.
Comportate como adulta y salí.

Las cosas cambian.

Y se desdoblan, se hacen inalcanzables o muy cortas. Las cosas mutan, cambian de color, se estiran, giran sobre sí mismas y alcanzan tonos que jamás habían tenido. No fuí buena nunca con aquello que cambia pero es bien sabido que las cosas tienen un ritmo que les es propio y escapa a nuestra voluntad impartirles una danza diferente. Está bien.
Cuando estas en un lugar donde te sentís incómodo, andate. Ese debería ser el segundo mandamiento, andate. Alejate de todo aquello que no te calce perfecto, ¿cuantas veces te tiene que pasar para que, al fin, entiendas que nada se hace mágico a la fuerza? Salí.
¿Qué es un amigo? Una especie de vos, en otro cuerpo y que no se te parece en nada. Alguien con quien reirte de todo aquello que está mal en el mundo, alguien con quien sacudir tristezas, expandir alegrias, alguien con quién saquear cajeros. Eso es un amigo. Alguien con quien pensar en voz alta sin sentirse obligado a obviar las partes feas. Alguien a quién queres contarle todas las partes feas. Llamas y ahí está. Y vos también estas.
¿Qué es ser feliz? Ser. Estar. Estar feliz es más realista. Nadie es feliz porque el ser humano es insaciable. Si quiere algo y lo tiene mañana, pasado va a desear tener el doble. No se es feliz, se está. Estoy.
Tengo días de felicidad plena y otros que, ojalá se disiparán rápido. Ojalá no tuviera que transitarlos. Sería fácil dejarlos caer de mis dedos, hacia el suelo... sin intentar evitar que se partan en mil pedazos.
¿A quién le interesa, realmente, lo que te pasa? ¿A vos te interesa? No. Claro que no. No pasa nada. Mañana será otro día.

No debí haber creído en todo eso. No tendría que haber pensando que iba a estar todo bien. No es mi estilo, no fuí nunca así ¿a quién quiero engañar?
Hoy es un día de esos que hay que soportar.

Sábado de lluvia.

¿Qué tiene de linda la lluvia? 
Miles de piedritas indundando el pasto del jardín. El ruido incesante de un bombardeo dulce sobre el techo de la casa. Ella está sentada junto a un libro siempre a punto de empezar la tercera hoja pero es probable que eso no ocurra al menos hasta que la lluvia cese y el ruido hipnotizante de lugar al silencio de un sábado por oscurecer.


antagónica

No sabía ser amiga de nadie. Esa es la verdad. Desde chica toda la gente le resultaba indiferente, de adulta todavía no entiende que es que alguien haga algo por otra persona. Lo descubrió solamente cuando se enamoró de alguien más brillante que el sol. 
Ahora está enojada consigo misma, quisiera no tener que ser tan intrincada. Más simpleza. Capaz es que, como dice su amigo, lo endocrino está participando en las decisiones tomadas, ¿o será que tomó valor gracias a esas hormonas revoltosas? No se sabrá jamás.
Es un poco duro darse cuenta que nunca va a tener amigos como los que hay en Seinfeld. Siempre en historias tipo How I Meet Your Mother o Friends. Nunca nada superaría a Seinfeld. No es creíble que un par de personas tarden diez años en asumir lo que les pasa ni que un flaco tan insoportablemente cursi como Ted, finalmente, se casara. 
Ahora piensa que no fue buena idea dar acceso a este lugar. Aunque, técnicamente, no es que haya podido evitarlo.
Se siente algo feliz por tener siempre un lugar donde contar lo que le pasa, algo triste por no tener amigos de verdad, ni sentir que algún lugar le es pertinente, es como si jamás pudiera encajar. No entiende el accionar de la mayoría de la gente y le incomodan las medias verdades, las cosas ocultas, la falta de sentido del humor.
Como detesta la falta de sentido del humor.

¿Por qué el mundo permite que exista gente sin sentido del humor? Su mayor argumento en contra de la existencia de Dios se basa en eso.

¿Por qué las mujeres no son divertidas? ¿Por qué siempre hablando de depilación y planchitas? ¿No tenemos nada que decirnos? La menstruación es algo interesante de compartir, una vez o dos, ¿Por qué nunca pudo hacer amigas de verdad? 

A veces desea con todas sus fuerzas cumplir con el estereotipo y menos luchar contra él. Quisiera ser menos antagónica de todo, menos crítica y escéptica, menos curiosa, menos ansiosa, menos caprichosa, chinchuda, rebelde. Quisiera compartir más con el resto del mundo.

Sal con una chica que lee - Rosemary Urquico

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el placard porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que tiene un carnet de biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su bolso siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña, oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítale otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que cruzarse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la encuentres llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y con gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.