Morbel
en
16:23
Los paisajes se tornan tan iguales al cabo de dos horas de observarlos fijamente, sin perderlos de vista llega un momento en que todos los detalles se van repitiendo una y otra vez… Así como se repitió mi vida estos últimos meses, antes de decidir marcharme.
Era una noche de las que tanto me gustan, cuando no quedaban ni rastros del caluroso sol del día y se podian contar de a decenas las estrellas en el cielo. Yo tenía que esperar un par de horas más antes de poder irme a casa, pero no sentia el peso de las horas, realmente disfrutaba de estar allí. Mi oficina tenía un ventanal enorme que me dejaba casí al borde del abismo, pero que me sacaba del trabajo cada vez que me asomaba a él.
Fue ese el principio de todos los finales, como vieja cancion de amor . . .
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