Proyecto: Novela.

Capítulo 1.

Me duele la cabeza, el corazón late sin sincronizarse a los espasmos de mi cuerpo. Siento frío pero hace mucho calor, tiene que hacerlo porque estamos en enero y la gente camina por las avenidas derretidas arrastrando los pies. Caminan hacia sus deberes simulando ser un espejismo, desde acá veo como sus figuras se deforman y se evaporan.
Estoy esperando desde las 10 y es probable que tenga que esperar mucho más, pero no soporto la tensión en mi espalda y salgo a fumar. Pero no fumo, ni fume nunca. Así que me entretengo con los carteles de la calle y observo mujeres grandes que transpiran toda su humanidad, mientras unas flacas sin gracia, caminan rápido hacia la boletaría del teatro. En frente una pizzería enorme y muy iluminada está en el apogeo de su servicio y el ruido de la gente masticando, riendo o en silencio golpea la cara de un joven con hambre que pasa por la puerta. Me mira y cruza la calle a trote con una gran sonrisa en la cara, me pareció reconocer esa mueca en su rostro pero fingí sorpresa absoluta cuando me llamo por mi nombre.

- ¡Isa! Soy yo, Alan.-

Alan llevaba un traje gastado, zapatillas coloridas que no hacían juego con sus facciones de solemnidad y un fajo de papeles y revistas bajo el brazo. Me sonrió impaciente hasta que respondí.

- Disculpa, ¿nos conocemos?-.
- Claro que sí, fuimos juntos a la secundaria. Te sentabas cerca mío. Saliste con mi hermano un par de meses.-
- Oh, sí- dije finalmente, un poco desilusionada de que esa sea la razón que nos una y no algo más emocionante como un viaje interespacial o un bombardeo en Medio Oriente del cual lo ayude a escapar - ¡Que gusto verte!-.

Alan fingió que tenía gusto en verme también, Me comentó que le causó mucha felicidad ver una cara conocida, que se había separado de su novia hace menos de un mes y que se había mudado a aquella ciudad llena de vida como para compensar su soledad. Se había recibido de Licenciado en Economía pero renunció a su trabajo cuando se mudó así que estaba en plena búsqueda de alguna nueva oportunidad. Pero claro que no pensaba volver a una oficina o a los números y gráficos. Estaba buscando trabajo como periodista.

Le sonreí porque la casualidad me dejó pasmada.



Capítulo 2.

Me desperté temprano e incluso a esa hora el calor seguía siendo aplastante. No abrí las ventanas esperando que el poco fresco de la noche anterior se quedara un rato más en mi habitación. Me vestí con la misma ropa de ayer y baje a desayunar. Alan me miraba inquieto desde la mesada de la cocina. Hacia ya tres meses que había decidido invitarlo a vivir conmigo, un poco aplastada por la culpa y otro poco porque había descubierto, recientemente, que una ciudad grande no compensa la soledad. Él también había caído en la cuenta de ello y aceptó gustoso mi propuesta. Compartíamos departamento, pagábamos a medias las cuentas. Él se esmeraba en preparar desayunos exóticos, yo me quedaba dormida y sus tostadas se enfriaban, se ponían duras como una piedra y después había que tirarlas. Los huevos no pasaban mejor suerte, se ponían chiclosos y la textura que adquirían no era nada agradable de masticar.