A veces el tiempo no es algo que se nos escape sin más remedio. Hay veces como ahora en la que el tiempo se queda en tus manos y se desliza a tu gusto por tus dedos… hay tiempos que no se terminaran nunca. Y aquí esta él.
Ignacio tenia 21 años, era un ser especial... y tenia la risa de un niño pequeño.
Yo todavía no entendía la diferencia entre amar y querer, y tenía miedo de fallarme una vez más. El sentía que era su momento, que por fin había llegado… y yo sentía que se había terminado.
Una sonrisa es lo que él que la presta, quiere que sea.
A veces lo ame en las penumbras de su habitación, después entendí que quise, pero que no.
Y todo termina.
Y aquí vamos de nuevo.