sonreís como si nada, como si no supieras el poder que llevas con vos. Sonreís casualmente como si desconocieras el hechizo, la esencia, el inconcebible poderío que ostentas. Te atreves a desamarme en cientos de millones de partículas pequeñas y ni siquiera lo notas. Yo acá intentando no quedar volcado en medio de esta calle, no desarmarme tanto, no desparramarme completo encima del techo de tu casa, no soltar mi existencia y quedar reducido a nada. Yo acá y vos ahí, ni te das cuenta.
El tacto de tu piel rozando cerca de mis dedos, el sonido de tu risa rebotando en los ventanales, la forma en que me miras cuando digo que estoy perdido. Te reís y es una explosión de sucesivos incendios que crepitan alrededor, no hay nada más estruendoso que quererte de este modo: estás ahí, siendo casualmente vos y yo estoy acá, de nuevo, debatiendome entre dejarme ir, entregarme, catapultarme al vacío por vos o dejar que elijas el destino de mi cuerpo, mi vida, mi casa, mi tiempo, mi cuerpo, mi amor, mi gato y mis cuatro cajones llenos de cosas inútiles, de pasados que dolieron y de cartas de amor que no tenían destino, hasta que sonreíste como si nada, como si no supieras el poder que llevas con vos.