Quiero decirle que estoy siempre pensando en ella, en lo estúpido que es esto del destino (del cual siempre ha descreído). Quiero decirle que es posible que no tengamos el tiempo que se necesita para rescatar lo perdido en este final. Pero no puedo, ya no tiene sentido siquiera verla de nuevo.

Todo el dolor que me queda en el cuerpo, tiene su nombre y mi corazón, aquel estúpido e inútil órgano que me mantiene vivo muy a mí pesar, todavía resuena cuando los recuerdos de su tacto vuelven a mí. Como llovizna de verano, quiero que aparezcas de repente. Pero no estás y no estarás, tengo que convencerme de lo inútil que es esperarte pero me he convencido de tantas idioteces a lo largo de mi vida, que esta que es la más vital para mi existencia me parece irrisoria e innecesaria. Es irrisorio e innecesario vivir sin vos.

Quiero decirle, quiero decirte que te llevo siempre conmigo y que duele tanto que a veces no puedo terminar de atarme a la vida. Pero a la vez, ese dolor me permite tenerte acá aunque no estes y es lo único que tengo de vos. Realmente no me puedo dar el lujo de dejarte ir.