Cristales

Tus ojos, esos ojos. Han inspirado mucho de lo que escribo, es que si los miras de frente... te encandilan. Son de muchos colores a la vez y al sol se hacen sumamente perfectos. Puedo morir en esos ojos.
Si sonreís, se achican... si te sorprendes se hacen enormes, tan enormes que no entran en el mundo. Si lloras, oh, como odio verte llorar... pero tus ojos se hacen agua verde y las lágrimas bailan con dulzura antes de caer por tus mejillas. Esos destellos de dorados y marrones que le dan sentido a toda mi vida.
Me despierto y te veo ahí. Sonrío como cada día de tenerte cerca. Y abrís los ojos. Creo en tus ojos, en tu sonrisa. Creo que la vida es perfecta si puedo contar las manchitas que habitan en tu mirada, si puedo obligarte a cerrar los ojos en un ataque de risa, tan solo para que se vuelvan a aparecer ante mí, llenos de complicidad y amistad. Soy un poco menos pesimista si tus ojos me miran y la oscuridad se hace menos densa, menos instransitable, menos abrumadora si puedo ver la vida a través de esos dos cristales de ternura e infinita bondad. La vida, mi amor, se hace menos insoportable si la miras conmigo y me permitis ponerle tu color.