Se desata y se termina. No tengo tiempo de contar los pedazos rotos, por eso me limito a mirarlos. Descubrir sus formas y tratar de adivinar cuanto dolió todo esto. Pero me quedo a mitad de camino, me distraigo con las gotitas de agua que se cuelgan del marco de la ventana y se desprenden suavemente cayendo inevitable y definitivamente al vacío. Me pregunto las mismas cosas de siempre y encuentro las respuestas siempre del otro lado del camino y nunca me animo a cruzar. Me desespero porque me entiendas, pero no corresponde pedirte tanto. Soy tan triste en mi melancolía y tan finita mi existencia.
Nos desatamos y nos olvidamos de todo, porque el dolor es una marca que se lleva y se sufre, pero que con el correr de los días se agota. Y nace angustia. Esa angustia se apodera, pero se lleva como antes llevamos el dolor. Toda la vida es un maldito circulo vicioso, eso jamás cambiará.
Escucho los autos de la calle, suena música instrumental de fondo. Colectivos, bocinas, camiones, no los veo pero se que están ahí afuera, yendo y viniendo. Me siento miserable. Entonces tal vez, sea mejor arrojarme y dejar que todo acabe cuando, como aquella gotita, toque el suelo.