Mentira

Vengo de estar llorandome la vida, y si quiero puedo reirme hasta no poder más. Cenicienta de cuentos que nunca acaban, princesa de historias dramaticas de llantos y dolor innagotable. Ella, es tan preciosa, lo creerias si la vieras con mis ojos, tiene una eternidad en ser así, no sabe ser diferente. Su voz calida, envuelve y acaricia, adormece y tranquiliza. Su sonrisa lo ilumina todo, hasta la más densa oscuridad, hasta el más profundo abismo. Sus manos pequeñas y generosas, saben como dar amor, se acomodan en mis cabellos y hacen que se sienta tan lindo estar en sus brazos. No se porque deje que sucediera todo esto, no pude verlo venir ni tuve valor de detenerlo a tiempo. Ella me pidio un para siempre y yo quise darle la eternidad.
Cruce la calle con prisa, perdí la nocion del tiempo charlando con Juan, ¡es que siempre tiene tantas cosas que contar! Corrí hacia la primer parada de tren que se asomo delante mio al doblar la esquina, trate de recordar donde tenia monedas y acelere el paso, satisfecho de subir y poder acomodarme entre las histéricas señoras que se enredaban en tantos abrigos y entre tantos codos y pies. Todos tratando de hacer equilibrio, para llegar lo mas entero posible a destino. Quise sentarme pero me contuve, iba a quedar como un mal educado si esa señorita no se sentaba en lugar de  mi. Quise escuchar música, pero se me hizo imposible recordar en que bolsillo había dejado mis auriculares y no era buen momento para buscar, así que desistí casi de inmediato. Me deje llevar.
Ella ya estaba sin vida y yo no tenia ni un solo lugar en el mundo que pudiera calmarme el dolor. Cerré ls ojos y desee no ser más nada, ni materia, ni humano. Necesitaba desaparecer. No más.
Baje magníficamente a tiempo, a pesar de tanta gente y me detuve frente al portón de madera barnizada que brillaba de tan impecable. Pensé que cosas decir pero a la vez no pensé en nada. Entonces golpee.
Una voz me pregunto quién era y contesté con mi gracia. Si, mi nombre.
Entonces hable con ella, la bese, nos amamos mil veces. Pensé en el camino que hice para llegar a sus brazos y sentí que no fue nada un par de minutos en un colectivo, debería haber tenido que cruzar mares o montañas implacables, y aun así siempre hubiera valido la pena.
No respiraba, no se movía. Me espantaba, me moría, me dolía, me asustaba.
Le dije que la amaba y ella sonrió. Dijo que también me amaba. Y las horas nos acariciaban entre tanta perfección.
Pedí agua. Así murió. Se quito la vida en la cocina, con unas pastillas que consiguió gracias a su habilidad con las cosas ilegales. Las mezclo con su vaso de agua y me vio tomar el mio. Sonrió y me susurro algo que no escuche.
Entonces, murió.

- Te amo - Le dije - Todo eso de que te iba a abandonar, era mentira amor. Todo una mentira.