Son las seis de la mañana, General Paz y 25 de mayo. Suena un reggaeton viejo de esos que hablaban de amor y a los que las odas a los cuerpos todavía no les había llegado. Quiero rascarme una parte de la cara y termino apretando los dedos con el borde de la puerta de este auto destartalado que me prestaste desinteresadamente. La nafta está cara dijiste y me tiraste las llaves con ese desdén que te caracteriza en todo, incluso en el amor. No era muy tarde pero tenía que apurarme porque la noche hace que las alimañas salten por todos lados.