Es posible que la que esté escribiendo ahora tampoco exista en unos años. Pero es claro que la que escribió ayer sigo siendo yo.
Hay dolores y existencias que ya no están presentes, hay certezas y obstáculos que son nuevos y me obligan a acomodarme como puedo, mientras sostengo los seiscientos millones de proyectos, sueños, ideas y planes que tengo respecto a vivir.
Ahora soy aquello que quise ser cuando en las noches de angustia insoportable lloraba desconsolada por creer jamás alcanzar. Es pertinente, es necesario y es totalmente urgente que una pueda reconocerlo.
Hoy tengo todo aquello que quise tener en aquellas largas noches de odiarme por ser quién soy: tengo profesión, tengo amigas, tengo el doble (o el triple) de amor. Me conozco más y mejor, me acepto más y mejor. Entiendo el mundo, interno y externo, más y mejor.
Es un alivio, al final todo estuvo bien.